Portada

Por una niña desaparecida no, por Sergio Vadillo sí

Published

on

JUSTICIA SELECTIVA

Por Ericka Contreras Pérez.

Hace un año, quien escribe estas líneas vivió uno de los episodios más angustiosos de su vida: mi hija de seis años estaba desaparecida. Ni yo ni las autoridades lográbamos localizarla.

La persona que conocía su paradero fue citada a audiencia ante un juez de control y simplemente no se presentó. Como justificación exhibió una receta expedida por un consultorio de farmacia donde se señalaba un posible cuadro de COVID-19 y se recomendaba, como tratamiento, un medicamento comercialmente conocido como Broncolin.

Mientras la audiencia se desarrollaba, observaba con incredulidad cómo la jueza aceptaba aquella explicación. No podía comprender que una receta de esa naturaleza fuera suficiente para justificar la ausencia de quien tenía desaparecida a mi hija. Esperé a que concluyera la diligencia para no afectar el proceso y, después, expresé públicamente mi indignación.

Al mismo tiempo, mi abogado solicitó algo elemental: que el médico ratificara el contenido de la receta, pues todo indicaba que se trataba de una maniobra para evadir la audiencia. La petición fue rechazada.

Hoy, un año después, me entero de que Sergio Vadillo denunció a un periodista que fue citado a audiencia. No por ser señalado como probable responsable de un delito grave, sino por ejercer su labor periodística e investigar a Sergio Vadillo y a la organización «Sociedad Valiente». El periodista no pudo acudir debido a una causa médica real, respaldada por un justificante expedido por una institución pública del sistema oficial de salud.

Sin embargo, en esta ocasión, apenas un día después, el juzgado de control sí ordenó llamar al médico tratante para ratificar la información contenida en el certificado.

Los hechos hablan por sí solos.

Cuando se trata de una niña desaparecida, una receta de farmacia parece suficiente. Cuando se trata de un periodista investigando a personajes con influencia, entonces sí se exige verificar la autenticidad de la incapacidad médica.

Por eso no me equivoqué al protestar hace un año. Lo que señalé entonces no era un exceso de indignación ni una reacción impulsiva. Era la evidencia de protestar ante una pura y mera justicia selectiva. Para una niña, un periodista, un defensor del territorio no se puede. Para un hombre con influencias, con poder o con dinero sí.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Salir de la versión móvil