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“Nos ignoran por estar lejos”

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La discriminación institucional que sofoca a la educación maya en Tizimín

  • Sin electricidad, sin salones y atrapados en disputas burocráticas entre el Ayuntamiento y la Segey, alumnos de Santa Rosa usan TikTok como último recurso para denunciar que el aislamiento rural se convirtió en la excusa del Estado para negarles una escuela digna.

Por Claudia V. Arriaga Durán.

La voz de auxilio de la comunidad maya de Santa Rosa no llegó esta vez a través de un pliego petitorio institucional ni en los pasillos de las dependencias gubernamentales, sino a través de una pantalla.

“Después de un año les voy a mostrar mi escuela nueva (…) Aquí se encuentran los de primer grado y, como pueden ver, no cuentan con electricidad y sufren de calor”, increpó un alumno de la Telesecundaria Carlos Monsiváis directamente al gobernador de Yucatán, Joaquín Díaz Mena. El mensaje, grabado en un video publicado en TikTok por 71 estudiantes, reabrió una herida de promesas incumplidas.

Un año atrás, en junio de 2025, esta misma comunidad estudiantil logró viralizar su testimonio para dejar al descubierto la precariedad en la que se forman. El impacto digital provocó que Díaz Mena se comprometiera a edificar el plantel. Sin embargo, catorce años después de que el servicio educativo comenzara a operar en la localidad, la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado de Yucatán (SEGEY) sigue sin colocar una sola piedra.

El olvido institucional no solo golpea la infraestructura, sino también la planta docente. Ante la falta de aulas, las autoridades educativas han argumentado la imposibilidad de asignar personal de manera formal. “No tenemos maestro fijo, dicen que no nos pueden mandar maestro porque no contamos con salones y no nos pueden dar clases”, lamentó el estudiante durante su denuncia visual.

La carencia de terreno nunca ha sido el problema. Desde 2016, las autoridades ejidales de Santa Rosa donaron un predio destinado expresamente a la edificación de la escuela. La traba ha radicado, año tras año, en los laberintos burocráticos y la indiferencia oficial.

«Han sido 14 años esperando, creo que no lo quieren hacer o no sé sus motivos porque tienen para hacerlo, nada más no hay la voluntad”, cuestionó Rocío Caamal, madre de uno de los alumnos afectados.

Durante más de una década, las clases han itinerado por espacios prestados entre la comisaría ejidal, la comisaría municipal y un módulo de salud local. Este último espacio ha quedado prácticamente inhabilitado ante la falta de fluido eléctrico, un problema del que ninguna autoridad busca hacerse cargo.

Mientras el alcalde de Tizimín, Carlos Adrián Quiroz Osorio, argumenta que el pago de energía corresponde a la Segey, la dependencia estatal declina la responsabilidad bajo el alegato de que el inmueble pertenece al sector salud.

Esta disputa competencial deja en la vulnerabilidad más absoluta el derecho humano a una educación digna. En el caso de tercer grado, el espacio de enseñanza es el patio de la comisaría ejidal: una estructura con techo de lámina, sin muros defensivos y con apenas dos ventiladores que resultan insuficientes para amainar el calor extremo de la región.

Durante la época de lluvias, las precipitaciones inundan el patio y dejan a los alumnos sin sitio donde estudiar. Quedar a resguardo depende exclusivamente de la solidaridad de vecinos que prestan cuartos particulares o de los esfuerzos económicos de la propia Telesecundaria para costear arrendamientos temporales.

A las inclemencias meteorológicas se suma el rigor de un clima donde la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) documenta sensaciones térmicas de hasta 50 grados. Además, diariamente los jóvenes deben destinar entre 30 y 40 minutos de su jornada escolar a limpiar las excretas de aves y caninos que ingresan libremente a la terraza utilizada como salón, espacio al que ellos mismos deben acarrear sus sillas para poder sentarse.

“La educación es un derecho que les corresponde a los niños. La educación es lo principal para dejar a nuestros hijos y, en las condiciones en las que nos encontramos, no se puede”, aseveró Ericka, integrante de la sociedad de padres de familia.

El impacto en la salud de los estudiantes se traduce en un constante ausentismo. Las picaduras de mosquitos provocan brotes recurrentes de dengue, las altas temperaturas derivan en cuadros de insolación y los cambios estacionales traen consigo infecciones respiratorias. “Tenemos mucho ausentismo por lo mismo”, confirmó Luis, tutor de uno de los menores.

Ubicada a más de 160 kilómetros de Mérida, un trayecto que supera las tres horas de camino, la comunidad de Santa Rosa padece un aislamiento geográfico que ha operado en su contra. La profesora Azalea Alamilla, quien fungió como directora del plantel hasta el ciclo escolar pasado, señala directamente a la condición rural de la zona como el detonante de este rezago.

“Hay discriminación latente y palpable, se hace caso omiso porque es una comunidad tranquila, que está lejos de la zona urbana y no está sobre la carretera (…) Este aislamiento como zona rural ha sido parte de los factores. Dirán que nadie viene y nadie sabe lo que está sucediendo porque todos han pasado y han hecho caso omiso”, aseveró la docente.

En un recorrido realizado por este medio para corroborar lo expuesto en la cuenta de TikTok del alumnado, las familias alzaron la voz para demandar atención de las autoridades. Aunque la cobertura omitió entrevistas directas a los menores al no encontrarse la totalidad de sus tutores legales presentes, el sentir generalizado entre la comunidad reflejó tristeza, desencanto y frustración por el abandono continuo.

“Los estudiantes deberían estar enfocados en su aprendizaje y crecimiento personal, no en velar porque sus derechos se cumplan, ya que eso debería ser por añadidura”, puntualizó la maestra Azalea sobre el desgaste al que son sometidos los adolescentes.

A pesar del contexto adverso y la falta de insumos elementales, el desempeño académico de la telesecundaria ha destacado a nivel regional. En 2025, el alumnado obtuvo uno de los tres primeros lugares en la Feria de Ciencias y Saberes Mayas, sin embargo, no pudieron acceder al premio, un laboratorio equipado, debido a la ausencia de una estructura física donde instalarlo. Su historial incluye también reconocimientos en certámenes estatales de escoltas, declamación, matemáticas y fotografía.

Bajo la consigna de “¡Queremos escuela digna!”, la comunidad escolar de Santa Rosa exige que el Gobierno del Estado transforme las promesas digitales en obras concretas que garanticen el futuro de sus jóvenes.

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