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Los mirreyes de siempre

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  • Mauricio Sahuí y Pablo Gamboa, un duelo de egos digno de telenovela de los 90’s.

Redacción/Sol Yucatán

Mérida, yucatán.— Dicen que la mona, aunque se vista de seda, mona se queda, y tal parece que a los neomorenistas yucatecos les aplica al pie de la letra. Cambiaron el chaleco rojo por el guinda buscando la “regeneración nacional”, pero lo único que lograron exportar a la Cuarta Transformación fueron sus mismos odios, berrinches y pleitos de vecindad que tanto los caracterizaban en sus épocas gloriosas dentro del tricolor.

Los protagonistas de esta tragicomedia de la alta sociedad meridana son nada más y nada menos que Pablo Gamboa Miner, actual director de Energía en Yucatán, y Mauricio Sahuí Rivero, flamante funcionario del Infonavit.

El escenario del drama no fue una tribuna política ni un debate sobre el presupuesto estatal, sino el estacionamiento de un conocido gimnasio en la exclusiva zona de Altabrisa, donde ambos funcionarios decidieron sudar la camiseta, pero del coraje.

Un triángulo “bien transformado”

De acuerdo con las versiones que corren como reguero de pólvora entre las élites y los corrillos políticos locales, el motivo del encontronazo no fue la transición energética ni la asignación de viviendas sociales, sino una disputa sentimental.

Ambos políticos habrían descubierto en pleno parqueadero que compartían el afecto de la misma mujer —identificada misteriosamente con las iniciales C.A.— y, para colmo de males, ¡cada uno juraba y perjuraba ser el oficial!

El descubrimiento mutuo desató un duelo de egos digno de telenovela de los noventa.

De los gritos a los puños. La discusión subió de tono al punto de que los insultos retumbaron entre los autos del gimnasio.

A nada de la “Lucha Libre”

Testigos aseguran que estuvieron a un par de pestañeos de llegar a los golpes y terminar revolcados en el pavimento.

El “cambio de piel”

Quedó claro que el cambio de partido no les quitó las mañas; solo mudaron sus telenovelas del comité del PRI a las oficinas públicas de Morena.

Parece que a estos dos ilustres funcionarios se les olvidó el lema de “no mentir, no robar y no traicionar”, o al menos lo reinterpretaron a su conveniencia en el terreno amoroso. Al final, lo único seguro es que ni la 4T los pudo purificar de sus vicios del pasado, dejando claro que, aunque se digan “pueblo sabio”, en Altabrisa siguen actuando como los mismos mirreyes de siempre.

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