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La farsa del informe judicial
Derroche y opacidad: blindado por un hermetismo sospechoso
Redacción/ Sol Yucatán
El Poder Judicial de Yucatán ha vuelto a escenificar uno de los episodios más deplorables de la vida pública del estado. Bajo el amparo de la opacidad y blindado por un hermetismo sospechoso, se llevó a cabo la reciente rendición de cuentas del Tribunal Superior de Justicia. Lo que debió ser un ejercicio de transparencia, austeridad y cara a la ciudadanía, terminó convertido en una pasarela de vanidades financiada con el dinero de los contribuyentes.
¿Qué informaron?
Detrás del discurso oficial plagado de tecnicismos e indicadores maquillados, el contenido de fondo fue el reflejo del vacío. En lugar de dar cuenta de avances reales en la impartición de justicia, el rezago en los juzgados, el tortuguismo procesal y las crecientes quejas por nepotismo dentro del Consejo de la Judicatura, la cúpula judicial dedicó la jornada a autoelogios y a justificar retiros millonarios. Presentaron un estado de derecho de papel mientras la ciudadanía sufre una justicia lejana, endeble y subordinada a los acuerdos políticos en turno.
¿Quién se enteró si fue a puerta cerrada?
La paradoja es indignante: rinden cuentas escondiéndose de la sociedad. La sesión, realizada casi a hurtadillas y restringida al público, evidenció el miedo de los magistrados a confrontar la mirada de los yucatecos. Si no hay nada que ocultar, ¿por qué blindar las puertas?
¿A qué le temen aquellos que se dicen garantes de la ley?
La información no circuló por las vías de la transparencia, sino a través de filtraciones que revelan el tufo de la secrecía con la que opera la cúpula judicial. La «justicia cercana y humana» que predican en los boletines oficiales se detiene justo en el umbral de sus cómodos despachos.
¿Para qué sirvió?
Únicamente para alimentar el ego de los juzgadores electos e impuestos por la infame «vía del acordeón». Sirvió para derrochar cientos de miles de pesos en banquetes, logística de lujo, arreglos y logística privada, mientras en los juzgados de primera instancia faltan insumos básicos y el personal opera desbordado. Este informe no benefició en absoluto al ciudadano que lleva años esperando una resolución legal o al familiar que busca justicia; sirvió como una pasarela donde los «magistrados por acordeón» se aplaudieron a sí mismos, exhibiendo un cinismo inaudito.
En Yucatán, el mensaje de la austeridad es una farsa. La llegada de juzgadores improvisados y colgados de listas políticas ha terminado por consolidar un tribunal donde importa más la simulación que la ley.
Desde este espacio lo decimos con firmeza, la justicia no se rinde entre cuatro paredes ni se mide en lujo y despilfarro. Mientras el Poder Judicial continúe funcionando como una agencia de colación de favores e impunidad, los discursos solemnes no serán más que un insulto a la memoria y al bolsillo del pueblo yucateco.