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La entrega del PAN Yucatán

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¿La jugada final de Vila a favor de Morena?

Redacción/Sol Yucatán

La sombra de la sospecha no solo se cierne sobre Acción Nacional en Yucatán; amenaza con oscurecer de forma definitiva lo que queda de la estructura blanquiazul en el estado. En el tablero político local, la fractura interna entre la cúpula saliente y las bases ha dejado de ser una desavenencia de pasillo para convertirse en una estrategia con tufo a entreguismo total.

Durante su sexenio, Mauricio Vila Dosal mantuvo una cercanía política y una agenda de acuerdos implícitos con la administración federal que pocos dentro de su propio partido lograron asimilar.

Para un sector considerable del panismo yucateco, el resultado de la pasada contienda estatal no fue una derrota fortuita, sino el cierre de un pacto predeterminado en el que la gubernatura terminó cediéndose a Morena a cambio de impunidad y futuro político personal.

El silencio y la disciplina institucional que siguieron al proceso electoral no hicieron más que contener temporalmente un descontento que hoy explota con mayor fuerza. La percepción de traición se consolida al observar la actuación del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), encabezado por Jorge Romero, cuya pragmática asimilación y cobijo a Vila contrasta abiertamente con las decisiones que comprometen el control de los bastiones históricos del partido.

El episodio más reciente y alarmante para la militancia es la intempestiva aprobación de una deuda por 1,500 millones de pesos para invertir en Mérida por parte del gobierno estatal de MORENA prende las luces amarillas para dudar sino es un pacto para entregar el ayuntamiento panista a Morena como se hizo con el gobierno estatal.

Que la mayoría morenista apruebe semejante cantidad de financiamiento a solo unos meses de empezar el proceso electoral no parece una coincidencia legislativa, sino el pago de una factura pendiente.

En ese tablero, el enfrentamiento y la asfixia política contra Renán Barrera no son un choque accidental, sino la pieza clave de la operación. Al aislar a la facción barrerista y destruir el contrapeso interno, el vilismo neutraliza la única resistencia real del panismo tradicional.

La disputa calculada sirve para dividir el voto, desmotivar a la militancia y justificar la ingobernabilidad, allanándole el camino a Morena para tomar el control de Mérida sin encontrar oposición alguna.

Entre negociaciones cupulares, pleitos fabricados y préstamos millonarios aprobados al gobernador Joaquín Díaz Mena con sospechosa rapidez, los hechos apuntan a una sola conclusión: la entrega de la plaza capitalina a Morena no es una derrota inminente, sino el último capítulo de la venta del PAN orquestada desde el grupo vilista a cambio de impunidad. Vila el gran traidor.

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