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Excremento a cielo abierto

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¿Para qué sirven las clausuras si nadie las respeta?

  • Excremento de aves tirado a cielo abierto, malos olores, moscas y vestigios mayas dañados. Ese es el panorama que habitantes de Kinchil denuncian en las inmediaciones de la antigua ciudad maya de Tzemé.

Redacción/Sol Yucatán

KINCHIL.— Excremento de aves tirado a cielo abierto, malos olores, moscas y vestigios mayas dañados. Ese es el panorama que habitantes de Kinchil denuncian en las inmediaciones de la antigua ciudad maya de Tzemé, donde además habría terminado levantándose una granja avícola pese a una clausura impuesta por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).

El nuevo foco de indignación no está únicamente en las seis naves que, según los habitantes, fueron construidas a menos de 600 metros de la zona arqueológica. Está en algo mucho más evidente y cotidiano: las excretas y residuos de aves que serían depositados directamente sobre el terreno y a cielo abierto.

Los vecinos cuestionan cómo una zona que ya había sido objeto de una inspección ambiental y de medidas de clausura terminó albergando nuevas instalaciones avícolas y, ahora, sitios donde se acumulan residuos.

¿para qué sirven las clausuras si nadie las hace respetar?

El antecedente se remonta a noviembre de 2025, cuando Profepa inspeccionó terrenos relacionados con la empresa Crío tras las denuncias de habitantes y organizaciones comunitarias.

La dependencia detectó trabajos de desmonte y alteración del terreno presuntamente realizados sin las autorizaciones correspondientes, por lo que colocó sellos de clausura y ordenó suspender las obras.

En paralelo, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizó recorridos en la zona de Tzemé y documentó la presencia de estructuras, plataformas, basamentos prehispánicos y materiales cerámicos.

De acuerdo con los señalamientos de los colectivos, la maquinaria pesada utilizada en los trabajos habría provocado daños parciales e irreversibles en plataformas y basamentos prehispánicos.

El INAH habría ordenado detener las actividades relacionadas con la remoción de tierra.

Pero los vecinos aseguran que los trabajos no terminaron ahí.

Entre diciembre de 2025 y enero de 2026, según los testimonios recabados por el Consejo Comunitario de Kinchil, continuó el movimiento de camiones de volteo, maquinaria pesada y trabajadores en la zona.

Con el paso de los meses, sostienen, las obras avanzaron hasta convertir el sitio en una nueva instalación avícola que habría comenzado a operar durante el primer semestre de 2026.

EL EXCREMENTO QUEDA A LA VISTA

Y si la construcción ya había generado cuestionamientos, el manejo de los residuos avícolas abrió un nuevo frente de preocupación.

Integrantes del Consejo Comunitario de Kinchil denuncian que excretas y otros desechos provenientes de las aves son depositados directamente sobre el terreno, sin estar confinados y a cielo abierto.

Los habitantes aseguran que esta situación ya genera malos olores y presencia de moscas, además de afectar sus actividades cotidianas.

También existe preocupación por el posible impacto ambiental que la acumulación de estos residuos pueda generar en el suelo y en el entorno natural, particularmente por la cercanía con zonas de vegetación y con el área arqueológica.

El problema, según los colectivos, tampoco se limitaría a este punto. Se han denunciado otros depósitos similares de residuos avícolas en los alrededores de Kinchil, lo que alimenta la percepción de una afectación ambiental acumulada.

Es necesario exponer que la empresa Crío no respetó la clausura que dispuso Profepa y no sólo hizo una nueva construcción cercana a la zona arqueológica, sino que además ahora tiene ese tiradero de excretas dañando al monte”, señaló uno de los integrantes del colectivo.

La situación coloca nuevamente a las autoridades frente a una pregunta incómoda.

Si Profepa ordenó detener los trabajos, si el INAH documentó afectaciones a vestigios y si existían disposiciones para evitar nuevas modificaciones del terreno, ¿cómo fue posible que las obras continuaran hasta terminar en una granja avícola?

Y más aún: ¿qué autoridad está verificando actualmente el manejo de las toneladas de residuos que genera la actividad avícola?

El Consejo Comunitario de Kinchil pidió a Profepa, INAH y demás autoridades competentes realizar una nueva inspección, verificar las condiciones actuales del predio, revisar el cumplimiento de las medidas impuestas y determinar si el depósito de excretas cuenta con las autorizaciones ambientales correspondientes.

Los habitantes también exigieron vigilancia permanente para evitar que continúen las afectaciones al monte y al patrimonio arqueológico.

Porque aquí ya no se habla solamente de una construcción.

Hay excremento de aves a cielo abierto, malos olores, moscas, selva desmontada, vestigios mayas que habrían sufrido daños irreversibles y una granja que, según los vecinos, terminó levantándose pese a una clausura.

Esto ya no se resuelve colocando un sello.

Alguien tendrá que explicar quién permitió que todo esto continuara.

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