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El O’Horán que no se ve en los informes

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  • Familias denuncian semanas y meses de espera entre el hambre y el abandono en las puertas del hospital.

Redacción/Sol Yucatán

Hay una realidad que se cuenta desde los informes oficiales y otra que se vive todos los días en los pasillos, afuera de las habitaciones y, sobre todo, a las puertas del nuevo Hospital Agustín O’Horán.

Mientras el discurso de las autoridades habla de modernidad, atención médica y mejores condiciones, familiares de pacientes aseguran que detrás de esa imagen existen historias de personas que llevan una, dos semanas e incluso hasta cinco meses esperando una solución médica.

Son familias que llegan desde municipios y comisarías del interior del estado, como Tunkas, Oxkutzcab, Ticul y San Antonio Sodzil, y que terminan enfrentando no solamente la enfermedad de sus familiares, sino también el desgaste económico, físico y emocional que representa permanecer durante días o meses cerca del hospital.

Uno de esos casos es el de José Adelaido, originario de Tunkas, quien asegura llevar aproximadamente cinco meses con su madre hospitalizada.

Su mamá ingresó inicialmente por una fractura en una pierna. De acuerdo con José, el tratamiento comenzó de manera favorable, pero posteriormente los médicos le informaron que la herida se había infectado.

El familiar también aseguró que, durante la hospitalización, su madre presentó posteriormente una fuerte infección gastrointestinal que, según su percepción, estaría relacionada con el prolongado tiempo de estancia.

A esto agregó una denuncia particularmente delicada: aseguró que en algunas ocasiones los alimentos entregados a su madre no se encontraban en condiciones adecuadas.

“A veces uno se molesta… el sábado cuando vine, tenía su comida, lo probé, estaba ácida la comida… trajeron su comida otra vez, estaba duro hasta la tortilla”.

Para una familia que lleva meses trasladándose desde Tunkas hasta Mérida, cada visita representa también un gasto.

José explicó que existe una estancia temporal para familiares de pacientes, pero que las condiciones de acceso complican su situación, pues únicamente puede permanecer un familiar, mientras ellos son dos.

Y cuando llega la lluvia, asegura que tampoco encuentran un lugar adecuado para resguardarse.

“Cuando va cayendo la chubascada, nos metemos a ver si nos movemos a veces y nos sacan allá adentro; nos dicen que aquí no está permitido”.

Por otro lado se encuentra una pequeña que lleva ocho días hospitalizada y su familia no encuentra un lugar donde descansar.

La historia se repite con otra familia.

Paola Ucán, de 11 años, lleva alrededor de ocho días ingresada, de acuerdo con sus familiares. La menor fue trasladada desde Ticul debido a la gravedad de un absceso.

Sus familiares relataron que, durante la atención, la menor presentó una complicación que atribuyen a un coma diabético.

Mientras permanece hospitalizada, su familia espera afuera.

Son varios integrantes y, según explicaron, aunque se les ofreció la posibilidad de utilizar la estancia temporal, no todos pueden ingresar debido a las condiciones establecidas para el alojamiento.

La familia, perteneciente a San Antonio Sodzil, aseguró además que no cuenta con recursos suficientes para permanecer tantos días en Mérida.

Por ello, vecinos de su comunidad organizaron una kermés para ayudarles a conseguir alimentos y recursos durante su permanencia frente al hospital.

La enfermedad de una niña terminó convirtiéndose también en una lucha diaria para su familia.

11 días y contando, una familia que ya no sabe qué hacer.

Otro testimonio corresponde a una paciente que, según sus familiares, lleva 11 días en espera de atención relacionada con una diálisis peritoneal que, aseguran, terminó complicándose con un cuadro de diarrea.

Su familiar reconoce que desconoce si el tratamiento que recibe actualmente es suficiente para lograr su recuperación.

Pero hay algo que sí tiene claro: la espera está agotando a todos.

“Es complicado esperar acá, tienes que estar bajo el sol y para ir al baño tienes que ir hasta allá atrás, para comprar tienes que caminar bajo el sol, y no ayuda casi en nada”.

La familia pidió condiciones más dignas para quienes acompañan a los pacientes: un espacio adecuado para esperar, baños accesibles y un albergue que permita el ingreso de niños y de más de un familiar.

También denunciaron lo que consideran falta de empatía por parte de algunos trabajadores.

“Los ignoran, están riendo mientras la persona está pidiendo ayuda y ni caso le hacen”.

Así lo señaló Arely Balam, originaria de Oxkutzcab.

Otro paciente: Ocho días de larga espera por una operación

La lista de historias continúa.

Jorge Gaspar Adrián relató el caso de su hijo, quien sufrió un accidente en motocicleta y permanece hospitalizado desde hace aproximadamente ocho días en espera de una cirugía de mandíbula.

El padre considera que se trata de una lesión delicada y cuestiona el tiempo transcurrido sin que, hasta el momento de su testimonio, se haya concretado la intervención.

“Considero que es muy tardada, pues al tratarse de una lesión de mandíbula siento que es delicada, ya que se rompió el hueso y se debería de tratar a tiempo”.

Jorge también aseguró haber observado actitudes que considera inadecuadas por parte de algunos trabajadores hacia los pacientes.

«Gritan los pobres y no les hacen caso los doctores; solo los están escuchando. A veces el paciente necesita ayuda y no le hacen caso”.

La realidad del todo:

Son testimonios distintos, pacientes diferentes y familias provenientes de distintos puntos de Yucatán.

Pero todos coinciden en algo: el tiempo de espera, el desgaste económico y las condiciones que enfrentan mientras permanecen cerca del hospital.

Se trata de familias que deben conseguir comida, encontrar dónde dormir, soportar el calor, buscar un baño, conseguir dinero para trasladarse y, al mismo tiempo, recibir noticias sobre una persona que permanece hospitalizada.

Y aquí está la parte que incomoda a las autoridades.

Una cifra puede decir cuántos pacientes fueron atendidos. Un informe puede hablar de infraestructura, capacidad y servicios. Pero ninguna estadística puede mostrar completamente lo que vive una familia cuando lleva cinco meses esperando que su familiar vuelva a casa.

Esta nota recoge los testimonios de familiares y sus percepciones sobre la atención recibida. Los señalamientos relacionados con infecciones, alimentos, trato del personal y tiempos de espera deberán ser corroborados por las autoridades correspondientes.

Porque si los números oficiales cuentan una historia y las familias cuentan otra, la pregunta no debería ser quién tiene razón desde un escritorio. La pregunta debería ser por qué existe una distancia tan grande entre lo que se informa y lo que estas familias aseguran estar viviendo.

Un hospital puede ser nuevo, moderno y enorme por fuera. Pero si una familia tiene que pasar meses esperando, dormir en condiciones precarias y sentirse ignorada cuando pide ayuda, entonces la verdadera prueba no está en las paredes del edificio: está en cómo se trata a quien llega buscando salvar la vida de alguien que ama.

Y esa realidad, por más que no aparezca en los informes, también es parte del Nuevo Agustín O’Horán.

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