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El hermano millonario de Rommel

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  • El director del Instituto de Movilidad y Desarrollo Urbano Territorial de Yucatán, Irak Abraham Greene Marrufo, cuenta con un millonario portafolio inmobiliario con propiedades dispersas en colonias populares y de alta plusvalía en Mérida.
  • Su trayectoria política y empresarial está marcada por señalamientos de conflicto de interés, contratos millonarios y vínculos familiares con figuras de alto perfil como su medio hermano, Rommel Pacheco Marrufo.
  • Es acusado de aprovechar la cercanía con su hermano y con grupos políticos para favorecer a empresas como Greene Corp, Rompac y Thermo Health, vinculadas a contratos de obra, servicios y construcción en Yucatán y la Ciudad de México.

Redacción/Sol Yucatán

El actual director del Instituto de Movilidad y Desarrollo Urbano Territorial (IMDUT), Irak Abraham Greene Marrufo, se presenta como un servidor público encargado de planear la ciudad del futuro. Sin embargo, los documentos oficiales muestran otra faceta: la de un funcionario con propiedades dispersas en colonias populares y de alta plusvalía en Mérida, cuya trayectoria política y empresarial está marcada por los señalamientos de conflicto de interés, contratos millonarios y vínculos familiares con figuras de alto perfil como su medio hermano, el exclavadista olímpico y actual director de la Conade, Rommel Pacheco Marrufo.

Ingeniero con poca trayectoria técnica en el sector público, Greene Marrufo ha sabido colocarse en cargos estratégicos gracias a su red de relaciones. En la actual administración ocupa la dirección del IMDUT, responsable de regular el transporte y la planeación metropolitana, pese a los cuestionamientos sobre su falta de resultados en el tema de movilidad.

Al mismo tiempo, es señalado de aprovechar la cercanía con su hermano y con grupos políticos para favorecer a empresas como Greene Corp, Rompac y Thermo Health, vinculadas a contratos de obra, servicios y construcción en Yucatán y la Ciudad de México.

En el ámbito público, se le acusa de ser un funcionario ausente, más dedicado a las redes sociales y a cuidar la imagen política de Rommel Pacheco que a resolver la crisis de movilidad. En el privado, es descrito como un “bisnero” que combina su posición con negocios inmobiliarios que crecen en silencio.

Los folios del Registro Público revelan que Greene Marrufo adquirió una casa en la colonia Gustavo Díaz Ordaz, al nororiente de Mérida, con más de seiscientos cincuenta metros cuadrados de superficie. En 2006 pagó apenas doscientos quince mil pesos por esa propiedad, pero hoy, en un sector donde el metro cuadrado se cotiza en más de siete mil pesos, el inmueble supera fácilmente los cinco millones de pesos.

En la Colonia Felipe Carrillo Puerto, al oriente de la ciudad, compró dos predios contiguos, uno de poco más de doscientos metros cuadrados y otro de cien metros cuadrados. En las escrituras aparecen precios absurdos: treinta y cinco mil y ochenta mil pesos, respectivamente. Aunque se trata de una zona popular, con valor de suelo más bajo, actualmente ambos predios en conjunto no bajan de un millón y medio de pesos.

A esta lista se suma un predio en el fraccionamiento Gonzalo Guerrero, una de las colonias más consolidadas y cotizadas del norte de Mérida. En su historial aparece una hipoteca cancelada en 2018 por apenas trescientos ochenta mil pesos, cuando hoy un lote en esa zona se ofrece en el mercado en no menos de dos millones y medio.

En conjunto, el patrimonio inmobiliario de Irak Greene Marrufo asciende a una cifra conservadora de ocho a diez millones de pesos a valor de mercado en 2025, aunque en sus escrituras los precios declarados apenas rebasan los setecientos mil.

La diferencia muestra un patrón repetido entre funcionarios de la política yucateca: declaraciones patrimoniales modestas frente a plusvalías que se disparan con el tiempo y que revelan la verdadera magnitud de la riqueza privada.

El caso Greene Marrufo ilustra el doble rostro de algunos servidores públicos de la 4T en Yucatán. Mientras en el discurso oficial habla de planeación urbana y derecho a la movilidad, en la práctica acumula propiedades en colonias estratégicas de Mérida.

Sus bienes se concentran en un portafolio mixto: predios en zonas populares adquiridos a bajo costo, que funcionan como reservas para especulación futura, y casas en colonias de alta plusvalía que aseguran el crecimiento patrimonial inmediato. La contradicción es aún mayor porque desde el IMDUT debe garantizar equidad en el acceso a la ciudad, pero sus inversiones apuntan a beneficiarse de la misma dinámica de exclusión y encarecimiento del suelo que margina a miles de familias yucatecas.

Los señalamientos en su contra no son nuevos. Medios locales lo han descrito como un aviador dentro del gobierno, cobrando sin desempeñar funciones reales, y como un operador político que usa su cargo para negociar contratos y espacios de poder. También ha sido vinculado con prácticas cuestionables como el cobro de “derecho de piso” a vendedores ambulantes en espacios públicos, además de haber sido exhibido por ocurrencias como jornadas de reforestación mal planeadas en plena sequía, lo que evidenció improvisación y falta de seriedad técnica.

A nivel empresarial, sus compañías han recibido contratos tanto en Yucatán como en la Ciudad de México, lo que refuerza la percepción de un funcionario con conflictos de interés, alguien que regula la movilidad y el urbanismo desde su oficina, pero que, al mismo tiempo, invierte y gana en ese mismo mercado inmobiliario.

El patrimonio de Irak Abraham Greene Marrufo es un reflejo de cómo los funcionarios de la nueva generación repiten viejos vicios: escrituras con valores subvaluados, propiedades en corredores estratégicos y empresas que se benefician del poder político.

El director del IMDUT no solo controla la movilidad en los discursos oficiales, también se mueve con soltura en el negocio inmobiliario, donde sus predios ya superan los diez millones de pesos. Mientras Mérida enfrenta una crisis de transporte público, saturación urbana y encarecimiento del suelo, Greene Marrufo asegura su lugar en las colonias más codiciadas y en terrenos populares con potencial de especulación. Una movilidad, sí, pero de capitales privados que crecen en silencio al amparo de su cargo público.

En total, el patrimonio inmobiliario de Irak Greene Marrufo supera los diez millones de pesos, cifra que contrasta brutalmente con los valores declarados en sus escrituras y que lo exhibe como otro político que hace de la función pública un trampolín para engordar su riqueza privada.

Direcciones de los predios de Irak Abraham Greene Marrufo

Calle 6 No. 367, Colonia Gustavo Díaz Ordaz, Mérida, Yucatán

Calle 21 No. 47, Colonia Felipe Carrillo Puerto, Mérida, Yucatán

Calle 21 No. 47-A, Colonia Felipe Carrillo Puerto, Mérida, Yucatán

Calle 29 No. 470, Fraccionamiento Gonzalo Guerrero, Mérida, Yucatán

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