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El gobernador cantinflea
- Se lava las manos y se llevan autobuses de Yucatán mientras el transporte hace agua.
- Lejos de dar certidumbre sobre el futuro del transporte público, volvió a «cantinflear» para evadir la responsabilidad de su administración.
Redacción/Sol Yucatán
Mérida, Yucatán.– Fiel a la vieja costumbre del actual Gobierno del Estado de recurrir a la retórica y culpar al pasado sin ofrecer soluciones de fondo, el gobernador Joaquín Díaz Mena ofreció este martes una conferencia en la que, lejos de dar certidumbre sobre el futuro del transporte público, volvió a «cantinflear» para evadir la responsabilidad de su administración.
Ante el evidente éxodo de unidades del sistema Va y Ven hacia el estado de Aguascalientes, el mandatario negó tajantemente que se trate de una venta del Gobierno estatal. Fiel a su estilo, el Ejecutivo prefirió lavarse las manos y argumentar que el traslado de las 35 unidades Mercedes-Benz fue una decisión exclusiva de las empresas privadas concesionarias, las cuales —según justificó— tenían autobuses «de más» que no entraron en servicio.
Sin embargo, en lugar de explicar qué acciones tomará su administración para solucionar el déficit y evitar que el sistema se colapse, el mandatario se enredó en explicaciones sobre el esquema de pago por «kilómetro efectivamente recorrido», echándole la culpa al modelo financiero anterior y quejándose de lo que heredó, en lugar de actuar. Díaz Mena habló mucho, pero no dijo nada concreto; dejó más dudas que certezas sobre la operabilidad de las rutas y la inminente crisis que amenaza con estallarle al estado.
Entrometimiento e ilegalidad.
La ATY, acéfala y ninguneada. Lo más preocupante de este escenario es el desprecio por la institucionalidad. La Agencia de Transporte de Yucatán (ATY) fue constituida por ley como un organismo constitucional autónomo, dotado de personalidad jurídica y patrimonio propio para operar al margen de las decisiones políticas del Gobierno central.
Pese a esta autonomía constitucional, Díaz Mena continúa entrometiéndose de manera directa en las decisiones operativas, financieras y regulatorias del transporte en la entidad. Para colmo del desorden, la Agencia de Transporte sigue sin un titular formal, operando en el limbo directivo y a la deriva, mientras el gobernador asume vocerías y funciones que por derecho no le corresponden, evidenciando un desgobierno donde la autonomía existe solo en el papel.