Portada

Despojo y persecución

Published

on

  • La inconformidad de comunidades mayas vuelve a estallar, que busca exhibir ante el mundo lo que califican como un modelo de despojo, contaminación y criminalización en territorio yucateco ocasionado por la industria porcícola
  • El agua está contaminada, el aire está contaminado, la tierra está siendo degradada.
    ¿La causa? Un modelo agroindustrial que se expande sin control, impulsado por grandes empresas porcícolas como Kekén

Redacción/Sol Yucatán

Desde el sur de Mérida, la inconformidad de comunidades mayas vuelve a estallar, ahora con un pronunciamiento que no solo apunta a conflictos locales, sino que busca exhibir ante el mundo lo que califican como un modelo de despojo, contaminación y criminalización en territorio yucateco. La denuncia surge en medio de crecientes tensiones por la expansión de proyectos agroindustriales y los señalamientos de persecución contra quienes defienden la tierra.

El posicionamiento, emitido por el comisario municipal de Santa María Chi, advierte que la situación en Yucatán ha rebasado lo ambiental para convertirse en un problema de derechos humanos, donde —según acusa— intereses económicos avanzan con respaldo institucional, mientras las comunidades enfrentan contaminación, afectaciones a la salud y procesos legales en su contra por alzar la voz.

A continuación, el texto íntegro:

LA OPINIÓN PÚBLICA LOCAL NACIONAL E INTERNACIONAL:

Desde Santa María Chi,municipio de Merida, Yucatan, Mexico,territorio maya en resistencia, habla Wilberth Alfonso Nahuat Puc, comisario municipal.

Lo que ocurre en Yucatán no es un conflicto local. Es un modelo de despojo que debe ser denunciado ante el mundo.

Mientras organismos internacionales como la ONU advierten que vivimos una triple crisis planetaria: cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación, en nuestro territorio esas alertas no son teoría: son vida cotidiana. Aquí se respiran. Aquí se beben. Aquí enferman a nuestros hijos de la comunidad.

El agua está contaminada, el aire está contaminado, la tierra está siendo degradada.

¿La causa? Un modelo agroindustrial que se expande sin control, impulsado por grandes empresas porcícolas como Kekén, de las cuales la Granja San Gerardo Grupo Porcicola San Gerardo es solo una pieza más de una red mucho más amplia.

Este modelo produce carne para mercados nacionales e internacionales. Pero lo hace a costa de la vida de nuestra vida, a costa de nuestras comunidades mayas, a costa de nuestra existencia.

Cada kilo de carne que sale de estas granjas lleva detrás una historia que no aparece en las etiquetas: comunidades mayas expuestas a desechos, defensores criminalizados y violentados , mantos acuíferos vulnerados, ecosistemas dañados en una región donde el agua subterránea es la única fuente de vida.

Esto no es desarrollo, esto es extractivismo, y frente a esto, quienes levantamos la voz somos criminalizados, mi caso es ejemplo de ello, fui acusado PENALMENTE por defender mi territorio, se intentó convertirme en delincuente, un juez ya había determinado el sobreseimiento, pero la presión no cesó, pero cuando esté juez murió aprovecharon, enseguida se reactivo y el TRIBUNAL DEL ESTADO DE YUCATAN ha decidido avanzar incluso sin audiencia, sin escuchar directamente a las partes, pese a que fue solicitada.
No es un error aislado, es un mensaje. Un mensaje claro para los pueblos indígenas:
“Si defienden su territorio, serán perseguidos.”

Esto no ocurre en el vacío, está la criminalización contra Sergio Oceransky, defensor de comunidades mayas, Consejos Mayas ,está la violencia en Dzitnup, donde ya hay antecedentes de agresiones armadas y compañeros asesinados, está la persecución en Santa Gertrudis Copó, en Ixil, en Kinchil, Sisal, Molas, Uayalceh ,se repite el mismo patrón, mientras tanto, los grandes intereses económicos avanzan.

¿Dónde está el Estado? El Estado no está protegiendo a los pueblos, está permitiendo que el capital avance sobre ellos y esto debe decirse también fuera de México.

A los países que importan esta carne, a quienes consumen estos productos sin conocer su origen, les decimos:

Lo que llega a sus mesas no es solo carne, es el resultado de un sistema que vulnera derechos humanos, que contamina territorios indígenas y que pone en riesgo la vida de comunidades enteras, pero sobre todo que usan su poder económico para violentar y criminalizar a personas indígenas que defienden su territorio.

No pueden seguir mirando hacia otro lado, aquí hay una responsabilidad global, aquí hay pueblos que no van a desaparecer en silencio, no estamos dispuestos a aceptar que el “progreso” signifique enfermedad, despojo y criminalización, no estamos dispuestos a ceder el agua, el aire y la tierra que sostienen nuestra vida y tampoco vamos a responder con odio, pero sí con firmeza, con organización, con dignidad, con resistencia, porque defender el territorio no es un delito, es un derecho y también es un deber.
Desde Santa María Chi lo decimos con claridad:

No nos van a intimidar, no nos van a callar y no vamos a renunciar a lo que somos, porque cuando un pueblo defiende su vida, no está exagerando, está haciendo lo único que puede hacer: resistir.
Y esa resistencia, hoy, es necesaria no solo para nosotros, sino para el futuro de todos.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Salir de la versión móvil