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De los Call Center a Salud

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  • Sin una trayectoria empresarial consolidada dentro de la industria textil, Naomi Palma Herrera recibió de los Servicios de Salud un contrato por 3 millones 291 mil pesos para suministrar miles de uniformes y artículos de protección.
  • Su escasa huella empresarial contrasta con el tamaño del negocio público: SSY improviso a una joven proveedora individual para vestir a parte de sus brigadas y personal operativo.

Redacción /Sol Yucatán

Para obtener más de tres millones de pesos de los Servicios de Salud de Yucatán no parece indispensable presumir una larga trayectoria como industrial textil, una empresa ampliamente conocida, una fábrica identificable en fuentes abiertas o años de experiencia pública equipando instituciones de salud.

Al menos, el expediente de Naomi Palma Herrera obliga a formular esa lectura.

La joven proveedora compareció como persona física ante los Servicios de Salud de Yucatán (SSY) y consiguió un contrato cuyo monto máximo alcanza los 3 millones 291 mil 376.23 pesos, para proporcionar equipos de protección y uniformes destinados al personal de la dependencia.

Del otro lado de la mesa aparece el secretario de Salud y director general de SSY, Miguel Alberto Alcocer Gamboa, quien suscribió el instrumento el 18 de junio de 2026.

El contraste es difícil de pasar por alto. Detrás de la proveedora de un pedido millonario de prendas, mochilas, sombreros, gorras y chalecos no aparece, al menos en las fuentes públicas revisadas, la historia fácilmente rastreable de una gran empresaria de la confección.

Lo que sí aparece es una huella profesional bastante más modesta. Naomi Palma Herrera, tiene experiencia en la atención de un Call Center Sales Pro y otros antecedentes laborales que nada tienen que ver con la industria textil.

Ella es una empresaria difícil de encontrar. En el contrato, Naomi Palma Herrera sí declara una actividad perfectamente conveniente para el negocio obtenido.

Señala que su actividad económica comprende, entre otras, “la confección en serie de uniformes (escolares, industriales, etc.) y ropa de trabajo”. También manifiesta contar con las condiciones técnicas, jurídicas y económicas necesarias para cumplir el contrato.

Sobre el papel, entonces, todo embona. Fuera del papel, la historia resulta menos visible.

En ninguno de los registros es posible localizar una fábrica identificada públicamente bajo su nombre, una marca textil ampliamente rastreable, un sitio empresarial propio, un catálogo público de uniformes, una planta de producción conocida o una trayectoria extensa documentada como fabricante especializada en equipamiento para instituciones de salud.

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