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Como Poncio Pilatos

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El gobernador se lava las manos y protege el ecocidio en Chuburná

  • Simula indignación mientras protege los intereses de los grandes oligarcas del turismo local y nacional.

Redacción/Sol Yucatán

Mérida, Yucatán.- La guitarra de la campaña quedó en el olvido; hoy, el gobernador Joaquín Díaz Mena prefirió cambiar las cuerdas por la jofaina de agua para lavarse las manos como Poncio Pilatos frente al evidente ecocidio que se ejecuta impunemente en las dunas de Chuburná Puerto.

En lugar de hacer valer sus facultades constitucionales y frenar de golpe un proyecto que destruye el ecosistema costero, el mandatario morenista ha optado por el gatopardismo: simular indignación mientras protege los intereses de los grandes oligarcas del turismo local y nacional.

El juego de las culpas para proteger a la mafia inmobiliaria

La estrategia del Ejecutivo estatal ha sido el señalamiento en retroactivo. Joaquín Díaz le echa la culpa a la administración pasada de Mauricio Vila Dos Santos y a su extitular de Desarrollo Sustentable, Sayda Rodríguez. Reparte responsabilidades al Ayuntamiento de Progreso, salpicando tanto a la gestión de Julián Zacarías Curi como a la actual de Erik Rihani González.

Sin embargo, omite convenientemente que la clave para clausurar de manera definitiva esta obra está bajo la jurisdicción de su propio gobierno, a través del INDUT, dirigido por Irak Greene —hermano incómodo del virtual aspirante a la alcaldía de Mérida por Morena, Rommel Pacheco—. Pero en lugar de dar la orden directa a su funcionario y coordinarse con las autoridades federales de su propio «movimiento», el gobernador prefiere la comodidad del micrófono y la evasiva.

¿Principios de Morena o sumisión al Gran Capital?

La omisión oficial levanta las sospechas en la opinión pública yucateca:

¿dónde quedaron los proclamados principios de la «Cuarta Transformación»?

¿Primero los pobres o primero los desarrolladores inmobiliarios?

Gobernar no consiste en culpar al pasado ni en repartir volantes de indignación; gobernar es tomar al toro por los cuernos. La pasividad del Gobierno del Estado ante la destrucción de Chuburná deja al descubierto los compromisos pactados con «los de arriba», con los machucones y con la rancia aristocracia inmobiliaria que verdaderamente dicta la agenda económica en la entidad.

Si el gobernador no es capaz de cancelar un proyecto que atenta contra el patrimonio natural de los yucatecos por temor a quedar mal con los verdaderos dueños del dinero, la pregunta resulta inevitable: ¿Es Joaquín Díaz Mena un gobernador de izquierda o son los conservadores y el gran capital los que siguen mandando en Yucatán?

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