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Buscando a Mayra, redes de trata de la costa de Yucatán y la impunidad que las protege
- A más de dos años de la desaparición forzada de Mayra Alejandra Mendoza Ayala, su madre recorre el sureste mexicano en busca de respuestas.
- Mientras la FGE de Yucatán desestima los indicios y retrasa los cateos, la joven de 24 años sigue sin aparecer, dejando al descubierto una red de trata que opera bajo la mirada cómplice de un sistema judicial que prioriza la burocracia sobre la vida.
Por Claudia V. Arriaga Durán
María del Rosario Ayala bajó de un auto en el puerto de Chicxulub, Yucatán. Vestía una playera negra que portaba la fotografía de su hija y una leyenda que rezaba: “Esta mujer está en pie de lucha por todas, por su desaparecida, ¿y tú? Nos falta Mayra”. Con premura, cruzó hacia el parque principal del pueblo costero. La acompañaban integrantes de la Fiscalía y la Comisión de Búsqueda de Personas de Quintana Roo, no obstante, sobresalía la ausencia de las autoridades yucatecas.
A María se le acababa el tiempo.
Era la cuarta ocasión que viajaba a Yucatán para buscar a su hija, Mayra Alejandra Mendoza Ayala, víctima de desaparición forzada y trata de personas desde 2022. Yucatán, irónicamente, es el escenario donde presuntamente ocurren estos delitos.
Las autoridades yucatecas no solo le negaron acompañamiento y seguridad, la Fiscalía General del Estado (FGE) de Yucatán también se rehusó a realizar las diligencias de investigación, pesquisas que son su obligación.
“Empezamos a pegar las fichas y unos vecinos nos dijeron que la vieron días antes pasando con un chico, cerca de donde antes funcionaba un bar. Solicité a la FGE de Yucatán que realizara las entrevistas a los testigos, pero se negaron. Tuve que exigirles a las autoridades de Cancún que nos permitieran hacer las entrevistas a nosotros”, relató María.
La FGE de Yucatán se negó a entrevistar y a documentar los testimonios de quienes aseguraron haber visto a Mayra, bajo la excusa de no tener peritos disponibles. Además, buscaban condicionar las acciones de búsqueda de una mujer que, por más de dos años, no ha dejado de luchar por encontrar a su hija.
“Dijeron que, si iban a entrevistar, sería para ir directo a tocar a la casa donde la vieron; eso era avisarles”, explicó María, quien consideró dicha medida como una forma de poner en sobreaviso a los tratantes.
Por su parte, la Comisión de Búsqueda de Personas del Estado de Yucatán (CBPY) respondió que podrían brindar acompañamiento hasta el mes de mayo, ignorando cualquier sentido de urgencia. La costa de Yucatán se ha convertido en un punto crítico de búsqueda para víctimas de trata de personas. El caso de Mayra no es el único que ha movilizado a las madres buscadoras hacia esta zona del estado.
La espera y el silencio cómplice
Era jueves 16 de abril y María, apoyada por las autoridades de Quintana Roo, quienes ya tenían autorización para realizar las pesquisas, se sentó en las mesas del mercado de Chicxulub. Con discreción, hombres y mujeres se acercaron a platicar con ella. Todos coincidían en lo mismo: un día antes habían visto a Mayra acompañada por un hombre joven que nunca la dejaba sola.
Al concluir las entrevistas, los indicios eran suficientes para considerar que Mayra se encontraba en ese sitio. Se solicitó una orden de cateo que fue autorizada, pero el trámite se estancó por la falta de gestión de la FGE de Yucatán. Pasaron más de 24 horas.
El lugar donde presuntamente se encontraba su hija privada de la libertad es el exbar “El Tarzán”, ubicado en la calle 21 de Chicxulub Puerto. Finalmente, la Policía Estatal de Investigación (PEI) cateó el lugar en conjunto con la FGE de Yucatán. En el sitio hallaron a un hombre que, según se manifestó, estaba intoxicado con sustancias psicotrópicas, estaba dormido y ni siquiera lo despertaron para entrevistarlo.
Previamente, se había visto salir del predio a un grupo de al menos tres hombres. Las autoridades llegaron dos horas tarde a la hora acordada para el operativo. “Les dieron tiempo de irse”, lamentó María.
No se encontró rastro de Mayra. Pasaron demasiadas horas desde que la vieron hasta que se autorizó el cateo. No hubo arrestos ni interrogatorios. El operativo duró poco menos de 25 minutos y no arrojó resultados.
La joven, hoy de 24 años, también ha sido vista en bares de Mérida. Uno de estos establecimientos es el bar “Atlántico”, ubicado entre las calles 116 y 118 de Yucalpetén, este fue parte de los puntos visitados por las autoridades.
Mayra ha sido vista en otros bares de Mérida, probablemente comercializada sexualmente por clientes que, al verla, guardan silencio ante un delito que esconde, detrás de sí, la desaparición y la violencia sexual.
Las búsquedas de María, realizadas del 2 al 8 de abril y posteriormente del 15 al 19 del mismo mes, se extendieron por diversos puntos de la zona, enfocándose principalmente en bares.
La ruta de la desaparición
Mayra Alejandra Mendoza Ayala desapareció el 10 de noviembre de 2022. Originaria de Guadalajara, Jalisco, trabajaba en Playa del Carmen, Quintana Roo, como empleada del hogar. Era la segunda ocasión que aceptaba un empleo lejos de casa, persuadida por su supuesto novio, Ángel de Jesús «N.», alias «El Guacho».
Mayra y «El Guacho» eran originarios de Guadalajara. La familia de ella no lo conocía, pero las amigas de la joven sí, lo que permitió su identificación y posterior arresto en diciembre de 2023. Él fue trasladado a Quintana Roo y presentado ante un juez, actualmente, se encuentra en prisión preventiva acusado de desaparición forzada.
El trabajo de localización de «El Guacho», como en muchos otros casos, recayó en María.
“Encontré sus tres perfiles falsos de Facebook, que era como enganchaba a las mujeres, había uno donde aparecía su nombre real. Las autoridades lo compararon con sus fotografías y así se generó la orden de aprehensión”, relató.
La FGE de Quintana Roo no le informó del arresto.
“Me enteré porque la familia me contactó. No me permitieron estar presente en la diligencia, aunque exigí verlo antes de que pasara por los peritos, pero no lo hicieron. Lo vi hasta la audiencia intermedia, nueve meses después, donde se revisaron los cargos por desaparición forzada que él está apelando”, agregó.
El 10 de noviembre, día de la desaparición, María habló por última vez con su hija. Era común comunicarse por videollamadas para cocinar juntas. Ese día hablaron solo un momento y colgaron, horas después, no supo más de ella.
Para el 19 de noviembre, Mayra debía haber regresado a casa. No abordó el vuelo y, al día siguiente, una de sus hermanas confirmó que no tenía noticias de ella. María acudió a la agencia del Ministerio Público en Guadalajara e interpuso la denuncia, pero la carpeta de investigación nunca apareció.
“Hicieron un mal procedimiento, en vez de decirme que fuera a Cancún a denunciar, la levantaron ahí y dijeron que debíamos esperar un mes para la investigación. Me desesperé porque no sabíamos nada de ella”, apuntó.
En diciembre viajó a Cancún junto con su esposo y otro de sus hijos para interponer otra denuncia, lo que activó el Protocolo Alba y la ficha de búsqueda. Iba por cuatro días, pero se quedó a vivir allí hasta finales de 2024. “Regresé únicamente a renunciar al trabajo”, acotó.
De la investigación realizada por la propia familia, descubrieron que «El Guacho» estaba vinculado al Cártel de Jalisco. Trabajaba para una mujer llamada Verónica, encargada de seleccionar a las víctimas junto con sus hijos, Damián y Darío, quienes enganchaban a las mujeres para comercializar sus cuerpos.
María, al igual que cientos de madres buscadoras en México, tuvo que aprender leyes, lenguaje judicial y a leer carpetas de investigación. “Hay muchas negligencias por parte de la FGE y, después de dos años, quieren remediarlo”, sentenció.
La búsqueda de Mayra ya había arrojado una dirección hacia Yucatán. En 2022 fue vista en el municipio de Peto. Testigos refirieron verla sentada junto a dos hombres, encargados de llevarla y traerla, permanecieron cerca de 15 días en la zona.
María dio aviso al fiscal de Cancún y solicitó las cámaras de seguridad del C5I, mismas que le entregaron dos años después. La Comisión de Búsqueda de Personas de Yucatán tampoco ayudó, al contrario, en lugar de realizar entrevistas, tapizaron el poblado con fichas de búsqueda, lo que alertó a los tratantes.
“La movieron de lugar”, lamentó.
La sábana de llamadas del celular de Mayra fue entregada con dos años de demora. En 2022, la joven recorrió más de 5 mil kilómetros. Fue ubicada en rutas de Quintana Roo-Yucatán-Chiapas y Chiapas-Guadalajara.
Con acciones de búsqueda que urgen, pero cuya respuesta demora años, sumado a la falta de voluntad de las autoridades para realizar las diligencias, casos como el de Mayra, que pudo ser localizada, continúan en la impunidad.