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Angélica Araujo, un fantasma
El fantasma de violencia, megadeuda y el remordimiento de Mérida.
- Despojada del poder, del séquito de aplaudidores y del cobijo del presupuesto público, no es más que un fantasma político que recorre sola, en el completo olvido y con la cabeza baja, las mismas calles de Mérida que alguna vez traicionó.
Redacción/Sol Yucatán
La fulgurante carrera de Angélica del Rosario Araujo Lara —quien en un abrir y cerrar de ojos pasó de la burocracia técnica del Instituto de Vivienda del Estado de Yucatán a la Cámara de Diputados, la alcaldía de Mérida y el Senado— representó el periodo más atropellado, autoritario y financieramente desastroso en la historia reciente de la capital yucateca. Amparada por la sombra y el padrinazgo del Ivonnismo, su administración 2010-2012 no dejó un legado de transformación, sino un historial de cicatrices urbanas, abusos de poder y opacidad que sepultaron para siempre las aspiraciones del PRI en la ciudad.
El episodio más sombrío de su paso por el Palacio Municipal ocurrió la trágica madrugada del 4 de julio de 2011. Empeñada en imponer a golpes la construcción del controvertido “Paso Deprimido” en Prolongación Paseo de Montejo —una obra caprichosa con un costo inflado a más de 61 millones de pesos—, la administración de Araujo recurrió al garrote y a la represión. Manifestantes, vecinos y ciudadanos pacíficos que se oponían al proyecto fueron brutalmente desalojados y agredidos por grupos de choque vinculados al partido oficialista. Las escenas de violencia e impunidad indignaron a toda la sociedad meridana, provocando marchas multitudinarias que exigían su destitución e inicio de juicio político, sellando para siempre su gestión con el sello del autoritarismo.
A la violencia de Estado se sumó un despojo financiero sin precedentes bajo el disfraz de la modernización. Araujo Lara endeudó a los meridanos al entregar un jugoso contrato de arrendamiento por más de 82 mil luminarias defectuosas a la empresa AB&C Leasing, comprometiendo cerca de 500 millones de pesos de las arcas públicas. La soberbia de su gestión obligó a la siguiente administración a cancelar el escandaloso negocio, desencadenando un tortuoso litigio que concluyó en la Suprema Corte de Justicia de la Nación con un fallo condenatorio para el Ayuntamiento. Por culpa de esa decisión, las y los ciudadanos de Mérida terminaron pagando durante años una megadeuda millonaria por lámparas inservibles.
Ese derroche se disfrazó de fiesta y circo para anestesiar la crítica. Los promocionados “megaconciertos” de figuras internacionales como Shakira y Juanes fueron el escaparate perfecto del uso discrecional del dinero público. Aunque Araujo juró que el espectáculo de la colombiana no le costaría un solo peso al erario y que se pagaría con patrocinios privados, la realidad fue que su gobierno desembolsó de golpe 1.5 millones de dólares para financiar el capricho, priorizando el espectáculo mediático y la autopromoción mientras las comisarías y colonias de la periferia se ahogaban en el abandono y la falta de servicios básicos.
Su ambición política desmedida remató el naufragio. Caracterizada por el trapecismo político y la falta de compromiso con los electores, abandonó la diputación federal para competir por Mérida y, apenas 18 meses después de rendir protesta como alcaldesa, tiró la presidencia municipal a la basura para buscar una curul en el Senado. Ese desprecio por la voluntad popular provocó el castigo implacable del electorado: en 2012, los meridanos le cobraron la factura en las urnas, entregándole la ciudad a la oposición por una diferencia aplastante de casi 40 mil votos y enterrando al priismo local en una ruina política de la que jamás volvió a levantarse.
Hoy, a más de una década de distancia de aquella administración del desastre, el juicio de la historia y el repudio social han dictado su veredicto. Despojada del poder, del séquito de aplaudidores y del cobijo del presupuesto público, Angélica Araujo no es más que un fantasma político que recorre sola, en el completo olvido y con la cabeza baja, las mismas calles de Mérida que alguna vez traicionó.