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¡A puros billetazos!
- A prisas y a billetazos, Joaquín Díaz Mena busca rescatar su imagen con un costo de 6 mil millones de pesos.
Redacción/Sol Yucatán
Lo que se presentó hace apenas una semana como un rescate emergente para la capital yucateca, hoy tiene todas las costuras de una operación de auxilio político marcada por la urgencia. El denominado «Plan Renacimiento para Mérida», anunciado inicialmente con una propuesta de endeudamiento por 1,500 millones de pesos, ha mutado drásticamente en cuestión de días. Las últimas declaraciones oficiales confirman que el costo real del proyecto rebasará los 6 mil millones de pesos, sumando el crédito estatal y un paquete de subsidios federales condicionados.
Esta vertiginosa escalada financiera ha llamado la atención en el Congreso del Estado, las filas de la oposición y las cúpulas empresariales de la entidad. La lectura generalizada fuera del Palacio de Gobierno es unánime: existe una profunda DESESPERACIÓN por inyectar dinero a marchas forzadas para levantar obras visibles, intentar sacudirse la percepción de parálisis institucional y, de paso, armar una plataforma económica que les permita competir la alcaldía de Mérida, hoy en manos del Partido Acción Nacional.
Crónica de un brinco financiero: de la noche a la mañana
La semana pasada, aprovechando la visita presidencial, el Ejecutivo estatal soltó la propuesta de contratar una deuda pública por 1,500 millones de pesos destinada a tres ejes: agua potable, vialidad y seguridad. Sin embargo, en un giro que deja en evidencia la falta de un análisis técnico previo, el propio Gobierno del Estado reconoció días después que la bolsa total requerida escalará por encima de los 6 mil millones de pesos, argumentando que se complementará con recursos de la Federación.
Este incremento acelerado ha sido el blanco principal de los cuestionamientos, pues el plan carece de lo elemental en cualquier obra de infraestructura seria: proyectos ejecutivos terminados, Manifestaciones de Impacto Ambiental (MIA) y una planeación financiera a largo plazo.
Falta de seriedad y opacidad: las reacciones
“Las decisiones sobre el desarrollo de la ciudad no deben tomarse de manera unilateral ni por motivos políticos, sino con responsabilidad», fustigó la alcaldesa de Mérida, Cecilia Patrón Laviada, quien exigió respeto absoluto a la autonomía municipal ante lo que calificó como una intromisión centralizada.
Por su parte, representantes del sector empresarial y legisladores de oposición en el Congreso local han manifestado su rotundo rechazo a dar un «cheque en blanco» para un proyecto que parece sacado de la manga.
Fuentes del sector privado señalaron de forma extraoficial que el cambio tan radical en las cifras demuestra que no hay un diagnóstico serio del rezago hídrico y vial de la ciudad, sino un afán recaudatorio y de gasto masivo antes de que los tiempos políticos se congelen.
El trasfondo: el fantasma de las urnas y la mala imagen.
Al interior del legislativo local, diputados de las bancadas opositoras advierten que este megapréstamo busca ser utilizado como un «salvavidas de imagen».
Tras varios tropiezos en la consolidación de proyectos de movilidad y el rechazo previo a otras iniciativas de financiamiento para el Anillo Metropolitano, el Ejecutivo estatal se encuentra contra las cuerdas de la opinión pública.
La prisa por obtener los 1,500 millones de pesos vía crédito directo —que forzosamente requiere el aval de las dos terceras partes del Congreso— responde a la necesidad imperiosa de arrancar obras de relumbrón que puedan ser capitalizadas políticamente. Mérida sigue siendo el principal bastión adverso para el partido en el poder estatal; de ahí que la millonaria inyección económica al Plan Renacimiento sea vista como la última carta para intentar arrebatar el control de la capital en los próximos comicios.
La moneda está en el aire y la iniciativa llegará pronto al Congreso, donde el bloque opositor ya prepara un riguroso examen técnico que el Gobierno del Estado, a juzgar por sus improvisadas cifras, difícilmente podrá sostener.